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Si quiere profundizar un poco...
¿Qué pasa a una cultura que rechaza a Dios?
Puesto que la mayor parte de la gente en el mundo busca la felicidad a través de lo material y sensual, nuestra sociedad occidental está en el proceso de decaer moralmente.
Al observar el deterioro de la moralidad, muchos filósofos que no creen en Dios, ven solamente futilidad y desesperanza. Por ejemplo, el escritor norteamericano, Mark Twain (Samuel Clemmons) dio este comentario respeto al propósito de la vida,
Un grupo de hombres nace. Estos hombres trabajan y sudan para obtener el pan. Disputan, arguyen y luchan para ganar ventajas sobre sus prójimos. Los años pasan...Sus amados son quitados y la alegría cambia a ser dolor. La carga del dolor, de la preocupación y la miseria viene a ser más y más pesada. Por fin la ambición muere, el orgullo está muerto y la vanidad está muerta...Ultimamente viene la muerte. Estos hombres no fueron importantes al mundo ni tuvieron propósito en la vida. No llevaron nada a cabo. Fueron fracasos y tonterías. El mundo los lamenta un día y luego les olvida para siempre.
Entonces, otro grupo nace y sucede el grupo anterior copiando sus hechos, siguiendo el mismo camino inutil y desvaneciéndose de igual forma. Entonces sigue generación tras generación cada una de ellas realizando lo que realizó el grupo anterior, NADA.
Para más y más gente, la vida es nada más esta descripción de Twain, nacer, trabajar y morir. La verdadera felicidad es imposible para una persona que no reconoce nada más profundo que el existir.
La Biblia describe lo que pasa a una sociedad que rechaza a Dios cuando describe la sociedad romana del primer siglo. Después de una descripción fea de la idolatría y la perversión de la sociedad en versículos 18-28 de Romanos capítulo 1, Pablo describe más frutos de la incredulidad:
Estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia... (Romanos 1:29)
Mientras nuestra sociedad viene a ser más y más incrédula, parecemos acercarnos más y más a este cuadro repugnate de la sociedad romana. Cuando la sociedad rechaza a Dios, el juez de todo, ¿qué va a prevenir a esta sociedad de caer en un pantano del egoismo y confusión? ¿Puede existir la felicidad en un mundo que no acepta reglas morales ni un juez supremo?
La única esperanza para la felicidad es rechazar el materialismo y sensualismo y aceptar a Cristo. El hombre necesita algo más que la comida, cosas materiales y los placeres. Verdaderamente Jesús es el Camino a la felicidad.
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Lección 3 de un curso bíblico
¿Cómo Jesús me enseña a vivir?
¿En qué consiste la buena vida?
La meta popular de nuestra generación es alcanzar "la buena vida." Este sueño no es nada nuevo ya que los reyes, maestros, filósofos y pobres la han buscado a través de los siglos. Pero, para encontrar una vida verdaderamente buena, hay que seguir a Jesús, El Camino.
JESUS CORRIGE CONCEPTOS ERRONEOS
Cuando pensamos en la buena vida debemos pensar sencillamente en la felicidad. Sin embargo, muchas veces cuando consideramos la buena vida, pensamos más en la prosperidad, el placer y la popularidad esperando que tales cosas nos den la felicidad cuando no es así el caso.
Y les dijo: Mirad y guardaos de toda avaricia: porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. (Lucas 12:15)
¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados! porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis. ¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablan bien de vosotros! porque así hacían sus padres con los falsos profetas (Lucas 6:25,26)
Al tomar el tiempo para reflexionar honestamente, nos damos cuenta que en verdad la mayor parte de la gente rica y famosa no es feliz. No obstante, seguimos buscando las riquezas y nos desanimamos si no las obtenemos. Si Jesús hubiera ofrecido las riquezas y la fama como el camino a la felicidad, habría sido un fracaso.
JESUS DESARRAIGA EL PROBLEMA
Dios le dio la buena vida al hombre en el principio, pero el hombre la perdió al pecar. Con el pecado vinieron la culpabilidad, el temor, el dolor y la muerte. El pecado es corrupción. Jesús dijo,
Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre. (Marcos 7:21-23)
¿No es verdad que la mayor parte de nuestros problemas provienen de pecados como éstos? Solamente al dejar el pecado podemos esperar encontrar la felicidad.
Porque: El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño; Apártese del mal,.y haga el bien; Busque la paz, y sígala. (I Pedro 3:10,11)
Solamente por estudiar la ley de Cristo podemos reconocer lo que es el pecado.
Pues el pecado es infracción de la ley (I Juan 3:4)
Solamente por seguir el ejemplo perfecto de Jesús podemos evitar el pecado.
Porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca. (I Pedro 2:21-22)
¡Imagínese una vida sin culpabilidad, sin temor y sin la inquietud que siempre proviene del pecado! De veras es una vida pura que da la paz que sobrepasa todo entendimiento.
JESUS NOS ENSEÑA A BUSCAR
NUEVAS METAS
La meta de nuestro mundo infeliz es tesoro mundano. Pero Jesús dice,
No os hagáis tesoros en la tierra donde la polilla y el orin corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo. (Mateo 6:19,20)
Los hombres siempre están muy deseosos de recibir, pero siempre maldispuestos para dar a otros. Jesús dijo,
Más bienaventurado es dar que recibir. (Hechos 20:35)
Muchos consideran el recibir servicio y tener siervos como símbolos de la buena vida. Jesús dice,
El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor,...como el Hijo de Hombre no vino para ser servido, sino para servir. (Mateo 20:26,28)
Las metas que pone nuestro mundo son metas que muchos no pueden alcanzar y los que las alcanzan no encuentran la felicidad en ellas. Mientras tanto, los que no logran obtener las riquezas ni la fama se ponen miserables pensando ser fracasos.
Pero, cuando cambiamos nuestras metas, podemos llegar a estar contentos sin tener aquellas cosas que según el mundo son necesarias porque no las buscamos más. Se consigue la verdadera felicidad al alcanzar nuevas metas, las de Jesús, las cuales son alcanzables para todos. Sí, todos, desde el rey más rico hasta el hombre más humilde, pueden hacer su tesoro en el cielo, todos pueden dar a otros y todos pueden ser sirvientes. Si usted tiene dudas de que estos nuevos conceptos den la felicidad, solamente tiene que considerar la vida de cualquier individuo que los practica para quitar sus dudas.
Pero, hay más.
JESUS NOS DA LO QUE NO ESPERAMOS
Cuando aprendemos a no crear nuestras metas en lo material, en el placer y la fama, Jesús nos provee una porción de estas mismas cosas. Escúchele:
No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. (Mateo 6:31-33)
Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo. (Lucas 6:38)
Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido (Lucas 14:11)
Quizás nunca captaremos todos los métodos que Dios emplea para cumplir con sus promesas. No obstante, podemos entender que Dios nos bendice al obedecer sus mandamientos, sencillamente porque ellos son sabios. Dios conoce al hombre perfectamente y nos ama con un amor perfecto. Por lo tanto nos exige lo que es bueno para nosotros y prohibe solamente lo que nos hace daño.
Nuestra salud está mejor cuando somos como Jesús enseña. Andamos mejor economicamente porque trabajamos mejor y no tenemos que pagar los gastos del pecado. Nuestra vida familiar es mejor porque aprendemos a pensar primeramente en otros. Aunque tenemos que enfrentar problemas, lo hacemos con Jesús a nuestro lado y con la esperanza de una vida mejor después de ésta.
¿Puede usted contestar las preguntas de esta lección tres?
Llene los espacios con las contestaciones correctas y envíenos sus repuestas.
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